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Hace quince años que Roos llegó a Euskadi y desde entonces ha venido en varias ocasiones a catar "experiencias gastronómicas fantásticas". Las últimas visitas han sido para analizar in situ el modelo de gobierno que existe en Gipuzkoa y elaborar un "caso de estudio"
jurdan arretxe - Domingo, 16 de Enero de 2011 - Actualizado a las 05:38h.
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El profesor Göran Roos, el viernes en el Palacio Foral, antes de su comparecencia. (Foto: iker azurmendi)
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Donostia. El doctor Roos ha dirigido un estudio sobre el modelo de gobierno guipuzcoano desde la Universidad de Aalto (Finlandia) y que presentó el viernes en un acto en la Diputación de Gipuzkoa.
¿Qué fue lo que le llamó la atención de Gipuzkoa cuando vino por primera vez?
La complejidad social y política, ampliada por una relación de bastante confrontación entre los agentes sociales. Que un representante de la oposición tenga un diálogo constructivo con uno del gobierno, o un sindicalista con alguien de la patronal es bastante difícil de ver aquí. Son situaciones menos frecuentes que en otro lugar. Que haya semejante cantidad de partidos políticos tampoco ayuda, es mucho más complejo a la hora de formar mayorías. Además, tenéis un gobierno en distintos niveles, desde el local hasta el central.
Hay quien ve la complejidad como fortaleza.
Estoy de acuerdo. Hay una ley de la naturaleza que se aplica en empresas como es la Ley de la variedad requerida: tenemos la dinámica del entorno, que tiene como contrapartida la diversidad en el equipo. Si estamos en un entorno predictible, las personas encargadas de gestionarlo deberían ser como clones. En un entorno muy difícil de predecir, se requiere gente con diferencias muy marcadas para que el entorno funcione y puedan gestionarlo. Si en ese segundo entorno se gestiona bien, las oportunidades serán muy superiores al estable. Si no somos capaces de manejarlo, es inferior al del entorno estable. La complejidad es valiosa si podemos extraer ese propio valor.
¿Qué debilidad observa en el gobierno guipuzcoano?
En el caso de estudio se ve que la Diputación ha tratado con distinta intensidad las relaciones con los diferentes agentes sociales. Con otros gobiernos, sindicatos, partidos políticos o los propios funcionarios, la relación ha sido muy baja, con lo que esos agentes no están implicados en la Nueva Cultura Política. Eso es una debilidad, porque si la Diputación depende de ellos hasta cierto punto, habrá problemas. La debilidad, por tanto, es que no se han considerado agentes como los funcionarios. Es curioso cómo se les ha obviado hasta cierto punto, por eso visto desde el caso de estudio, parece como si se haya mirado más hacia fuera, olvidando lo de dentro.
¿Cómo involucrar a uno de esos agentes, los ciudadanos, si apenas cree en su clase política?
Veamos. ¿El papel de la oposición cuál es? Oponerse, ¡lógicamente! Si no, no hace bien las cosas, pero se puede oponer a diferentes niveles. Nos podemos oponer por principio, lo que haremos cada vez que el gobierno proponga algo, o por la mentalidad que tenemos, lo que nos lleva a estar en contra de muchos aspectos, pero no de todos. Los ciudadanos observan la relación de los políticos entre sí y se sentirán defraudados mucho más cuando se ejecuta una oposición por principio, ya que esperan que la política siga el sentido común. Si los políticos tienen una lucha continua, sea o no en beneficio del país, los ciudadanos dirán que no creen en ellos. Si vemos a una de las partes que tiende la mano y la otra la rechaza, reforzará la visión negativa de los ciudadanos.
Otro blanco de las críticas ha sido la iniciativa público-privada Gipuzkoa Aurrera. ¿Hay casos similares en Europa?
Son más bien típicas de un contexto muy determinado. Gipuzkoa Aurrera sería totalmente diferente en Suiza, por ejemplo. Hay casos similares de implicación, pero es muy difícil comparar. Lo importante es olvidarse de lo que hacen otros y preocuparse de que lo que se haga mejore las cosas, comparar lo que se hace con lo que pasaría si no se hace.
Imagino su respuesta pero, ¿el final de la violencia ayudará a un mejor gobierno de Gipuzkoa?
Absolutamente, sin duda. No soy experto, pero que ETA haya avanzado en su compromiso en ese sentido tiene que ser positivo. Un ejemplo similar y estupendo es el de Irlanda del Norte. Durante el conflicto, perdían todos, pero cuando llegaron a un cierto acuerdo, el crecimiento económico ha sido constatable y han ganado todos excepto los delincuentes. No hay ninguna duda, si desaparece la violencia, eso tendrá consecuencias tremendamente positivas en la sociedad en todas las dimensiones.
El debate entre las personalidades posterior a su intervención se ha centrado en el comunitarismo ante el individualismo. ¿Hay razones para la esperanza en una sociedad cada vez más individualista?
Creo que sí. La sociedad está en perpetuo cambio. En la época de Sócrates ya se lamentaban, como hoy, de qué iban a hacer con aquellos jóvenes. Hoy vemos otras comunidades. Por ejemplo, ¿tienes cuenta de Facebook?
Sí.
Entonces tienes una comunidad ahí, en tu perfil. Hay ejemplos de solidaridad en lo que hacéis en Facebook. Antes de los cambios tecnológicos y del transporte, la comunidad dependía mucho de cuestiones geográficas. La solidaridad existirá en las comunidades, pero cambiará el concepto de comunidad. Hace doscientos años éramos solidarios dentro de la comarca, no con la de al lado. Hoy ha cambiado la solidaridad y somos solidarios en Facebook.
Le he preguntado qué fue lo primero que le sorprendió de Gipuzkoa cuando vino. Quince años y un caso de estudio después, ¿le llama la atención la misma complejidad?
A medida que te familiarizas, corriges malentendidos y descubres cosas que ignorabas, pero sí. Algo que veo ahora es una mayor apertura hacia el diálogo entre grupos que antes parecía que no hablaban. Ha habido un cambio dramático en la actitud hacia la violencia. Hace quince años, había una reacción negativa hacia la violencia, pero no tanto como hoy.

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